YOU ARE MY INFINITE MADNESS

VIVIR

Vacío profundo el no sentir ni la más mínima dolencia dentro de tu cuerpo, ni el más mínimo ápice de dolor. Ese vacío que te inunda y te atrapa en un mundo irreal de oscuridad y silencio, silencio que guardas como si estuvieras de luto, silencio que encarcela a tu razón y a tus palabras. Oscuridad que tiñe tu corazón de negro y elimina cualquier esperanza que albergue en tu interior. Qué curioso no, una persona me dijo que los ojos son el espejo del alma, qué irónico, y cuánta razón tenía. Y ahora te lo digo muy claro y directo, mira me a la puta cara y analízame y, si tienes el suficiente valor, mira me a los ojos y atrévete a explorar mi interior sucio, escudriña en mi pasado, en mi presente y después me dices si sigue siendo tan fácil pasar página, y olvidarlo todo.

Métete en mi cuerpo y contempla mi alma, siente el dolor. No sabes cuánto dolor puedes llegar a sentir hasta que llega un momento que el dolor ya no te afecta, simplemente, dejas de tener cualquier sentimiento, deja de doler. Te quedas anclado en un mundo sórdido donde reinan la culpabilidad, la pena, la angustia. Encuentra los pocos indicios de ganas de vivir y por favor libéralos, a ver si con un poco de suerte consiguen despertarme de este sueño llamado realidad. Siente esa pesadez en tu cuerpo, ese asco hacia el sol y hacia la claridad. Siéntelo y si tienes huevos, vívelo, y luego me cuentas si te ha sido fácil aguantar bajo una máscara y no poder hablar ni expresar lo que sientes, escuchar mierdas de los demás y a su vez ponerles solución. Pero, digo yo, ¿Cómo puedo solucionar los problemas de los demás, si ni siquiera puedo solucionar los míos? Preocuparse más por otras personas y hundirte en sus vidas para no darte cuenta de tus propios problemas ni de lo que se apodera de ti mismo. Sentir como la vida pasa a tu alrededor y que no te tenga ni en cuenta que estas ahí mismo, apoyada en una marquesina del autobús viendo pasar coche tras coche, mirando como tu viejo reloj va más lento a cada segundo que lo miras y sientes que se va a parar el tiempo y que todo quedara ahí mismo. Mientras, ves como pasa la gente y como pasan los días y los meses, para darte cuenta que mientras estas congelada, la vida poco a poco te va consumiendo.

Y tú mientras tanto tirada en el suelo de una vieja habitación mirando los minutos pasar y preguntándote como narices puedo dar tantos consejos y no quedarme con ninguno, ni aplicarlos a mí misma. Nadie a tu alrededor te ve mientras caminas por las calles. Sientes frío, mucho frío. Ves como el sol incide en tu piel pero no llega a darte ese calor que tanto necesitas. El aire te asfixia y sientes la amenaza del estallido de tus pulmones. Tu corazón deja de latir y esa canción deja de sonar, se instala el silencio completo como si estuvieras en una burbuja aislada, y nadie es capaz de verlo. Pides a gritos una oreja que te escuche y un cuerpo caliente al que aferrarte para que te transfiera algo de calor, pero nadie te ve, nadie te escucha, no existes para nadie. Tu frustración se apacigua unos segundos mientras coges una llamada de teléfono con la mejor de tus sonrisas y pones la mejor voz que tu estado te permite y, simplemente, escuchas. Escuchas durante horas, y piensas “eh, y a mi quien cojones me ayuda”, sigues escuchando, acumulas información, tu cerebro la procesa, y elabora una respuesta que sale por tu boca en menos de una fracción de segundo. “estoy bien”, respondes a esa simple pregunta de “te noto rara, pasa algo”. Porque callar, porque guardar remordimientos, porque perder la batalla contra la sombra. Quizá no tenga ese valor para hacerlo, quizá sienta miedo de que me vean débil. Nadie ve lo que te ocurre, por muy cercano que este a ti, eres una gran actriz interpretando el mejor papel de toda su carrera, su vida. Intestas hablar pero por más que luchas solo un 10% de lo que ocurre en ti sale a la luz y recibes siempre la misma puta respuesta “no te preocupes, todo mejorara, ya veras, la vida sigue”. Paras, y piensas que la vida sigue pero que tú no la acompañas en este viaje, y  cada vez te sientes más pequeño y más solo pese a estar rodeado de tus seres queridos. Pero nadie se da cuenta de que estas ahí. Todos se sumen en su bonita y preciosa felicidad. Y tú, mientras tanto, antepones esa felicidad a la tuya propia imaginándote que tienes eso también. Pero nadie te ve.

Cada día que pasa se vuelve más largo que el anterior, sientes que el mundo se te viene encima, y piensas “para que levantarme de la cama, si no me queda ningún motivo para seguir”. Y por fin, tras un larguísimo duro e incesable día, llega la hora de tumbarte de nuevo, y esa luz de sobriedad alumbra toda la habitación, te quedas mirando a la nada e intentando olvidar por un mísero milisegundo todo, quedarte completamente en blanco y lloras. Pero nadie está ahí para verlo. Sola, indefensa, maltratada por tu propio cuerpo, consumida como la llama de la vela que tienes al lado. No puedes hablar, tu mente bloquea cualquier indicio de palabra. Sientes miedo, miedo al cambio, a lo desconocido, a que llegue una persona y te diga que es bueno tener problemas, que saque un pequeño botiquín blanco con una enorme cruz verde y poco a poco vaya sacando vendas, tiritas, agua oxigenada… empieza a mirarte fijamente, no a la cara, sino a los ojos. Ve que estas rota por dentro, tu alma está hecha añicos, y sin conocerte, le influyes algo que le hace abrazarte y acariciarte la piel. Te estremeces ante el taco de unos dedos algo ásperos, pero a la vez suaves. Se acerca lentamente y te susurra al oido...

EMPIEZAS A VIVIR CUANDO TE DAS CUENTA DE QUE TIENES ESPERANZA DE VIDA.


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